Le Monde, un espejo distorsionado de un fugitivo: cuando el periodismo tergiversa la justicia !

Esta caricatura vale más que mil palabras. Ilustra, con una precisión impactante, el caso de un fugitivo pulido a golpe de pluma por el gran diario francés Le Monde, en lo que parece ser una operación mediática de blanqueo cuidadosamente orquestada. En el centro de esta puesta en escena: Mehdi Hijaouy, exagente subalterno de los servicios de inteligencia marroquíes, convertido en estafador internacional y actualmente buscado mediante una orden de arresto emitida por Interpol.

En su edición del 17 de julio de 2025, Le Monde ofreció a este personaje controvertido una tribuna inesperada, reproduciendo sin distancia crítica la versión de sus abogados y ocultando deliberadamente los hechos incriminatorios contenidos en su expediente judicial.

Detrás de una narrativa digna de una novela de espionaje, el artículo intenta reescribir la trayectoria de un individuo perseguido por estafa, fraude documental, blanqueo de capitales e inmigración ilegal, presentándolo como víctima de una supuesta «purga interna». Pero los hechos son claros: Hijaouy fue expulsado de los servicios marroquíes por faltas profesionales graves ya en 1995, reincorporado brevemente en 2005 y definitivamente apartado en 2010. Lejos de ser un alto funcionario, nunca ocupó un puesto estratégico ni tuvo acceso a información confidencial. La operación de victimización apunta claramente a limpiar la imagen de un hombre perseguido no por sus ideas, sino por sus actos.

El periódico francés, que se supone basado en el rigor y la pluralidad, ignoró conscientemente los testimonios de numerosas víctimas marroquíes, francesas y africanas estafadas por Hijaouy. Usando identidades falsas como «representante de un consejero real» o «alto funcionario de seguridad», multiplicó los montajes fraudulentos con ramificaciones hasta Europa. Estos hechos han sido documentados por varias víctimas, entre ellas el empresario Mustafa Aziz, quien publicó un video detallando el modus operandi de Hijaouy y sus cómplices.

Más inquietante aún es el origen del respaldo financiero y legal del fugitivo. Sus dos abogados en París, William Bourdon y Vincent Brengarth, conocidos por su activismo judicial, generan interrogantes. El primero, exasociado de Transparency International, ha sido criticado por defender a figuras cercanas a regímenes autoritarios. El segundo se ha especializado en representar a perfiles polémicos, incluso en casos relacionados con el terrorismo. La rápida difusión del artículo en medios vinculados al aparato de inteligencia emiratí, dirigido por Tahnoun bin Zayed, alimenta sospechas sobre la implicación de Abu Dabi en este montaje.

En definitiva, el intento de politizar un expediente judicial sólido parece más una estrategia de distracción que una verdadera defensa. Ante la imposibilidad de rebatir los hechos, los abogados de Hijaouy buscan crear una cortina de humo mediática, contando con el prestigio engañoso de un gran periódico para confundir al público. Pero el derecho no se borra con narrativa. La cuestión no es la «libertad de expresión», sino la rendición de cuentas de un hombre perseguido por delitos graves y transnacionales. El público y la justicia merecen algo mejor que una verdad fabricada en los salones parisinos.

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