Marruecos frente a las amenazas terroristas del Sahel: una vigilancia reforzada

Durante una conferencia de prensa celebrada el lunes 24 de febrero, el jefe de la Oficina Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ), Cherkaoui Habboub, destacó los crecientes peligros que representan los grupos terroristas que operan en el Sahel y el sur del Sahara para la seguridad de Marruecos. En particular, subrayó la ambición de estas organizaciones, especialmente Daesh, de establecerse de manera permanente en el Reino y desarrollar células activas en coordinación con sus filiales africanas.

La operación antiterrorista del 19 de febrero, que llevó al desmantelamiento de la célula de los «Leones del Califato en el Extremo Magreb», ilustra esta creciente amenaza. Este grupo tenía como objetivo crear una base operativa en Marruecos bajo la égida de la «wilaya de Daesh en el Sahel». Según el BCIJ, la célula desmantelada operaba bajo la dirección de un comité restringido encargado de ejecutar operaciones terroristas, en contacto directo con el mando externo de Daesh.

Esta amenaza no es nueva. Desde hace varios años, los grupos afiliados a Al Qaeda en el Magreb Islámico y a Daesh intentan establecerse en Marruecos, pero sin éxito gracias a los esfuerzos de los servicios de inteligencia. Sin embargo, el aumento de los intentos de infiltración y la frecuencia del desmantelamiento de células terroristas confirman que el Reino se ha convertido en un objetivo estratégico para estas organizaciones, debido a su posición geopolítica y su papel clave en la lucha antiterrorista en el norte de África.

Las autoridades marroquíes han desmantelado hasta la fecha más de 40 células con vínculos directos con organizaciones terroristas sahelianas. Algunas de ellas estaban especializadas en el adoctrinamiento y la formación de combatientes destinados a perpetrar atentados en suelo marroquí. Este fenómeno va acompañado de un creciente recurso a conexiones internacionales, como lo demuestra el papel desempeñado por los dirigentes de Daesh en el Sahel en la dirección de operaciones terroristas dirigidas contra el Reino.

La situación de seguridad en el Sahel sigue siendo un factor agravante. La inestabilidad política, la magnitud de los territorios no controlados por los Estados y la connivencia entre grupos terroristas y redes criminales ofrecen un terreno fértil para la expansión de las organizaciones yihadistas. Para Marruecos, esta interconexión representa una amenaza no solo para su seguridad nacional, sino también para la de Europa, en un contexto en el que estos grupos buscan exportar sus operaciones a nivel internacional.

El desmantelamiento de la célula de los «Leones del Califato en el Extremo Magreb» recuerda otros precedentes, como la célula de Amgala en 2011 o la de Tánger en 2005, ambas vinculadas a Al Qaeda. Sin embargo, la evolución reciente muestra una mayor sofisticación de los métodos empleados, con una gestión remota de las células durmientes por parte de líderes terroristas establecidos en el Sahel, así como un reclutamiento activo de combatientes marroquíes.

La participación de marroquíes en las actividades de Daesh y Al Qaeda es una preocupación importante. Varias figuras marroquíes han desempeñado roles clave dentro de estos grupos, como Nour-Eddine Al-Youbi y Ali Maïchou, ambos fallecidos. Algunos de estos combatientes han llegado incluso a ocupar puestos estratégicos, influyendo directamente en la planificación de atentados. Esta situación pone de manifiesto la necesidad de un refuerzo continuo de las medidas de seguridad y de una mayor cooperación internacional para contrarrestar esta amenaza transnacional.

Ante esta realidad, los servicios de inteligencia marroquíes mantienen un estado de alerta permanente para prevenir cualquier intento de atentado en el territorio nacional. Gracias a su experiencia y capacidad de anticipación, han logrado frustrar numerosos complots terroristas, confirmando así el papel crucial de Marruecos en la lucha contra el extremismo en la región. Sin embargo, la persistencia de la amenaza requiere una vigilancia constante y una coordinación reforzada con socios regionales e internacionales.

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